Ausencia
Noto tu ausencia cada día, abriéndose paso en mis entrañas, desgarrándome por dentro y agitándose en mi interior para que la deje salir. Y sin embargo, siento un grito ahogado visceral, un aullido desesperado de mi alma, que lucha por hacerse hueco en mi cuerpo, intentando llegar al órgano de la razón que me mantiene alejada de todo y distanciada de la vida.
Noto tu ausencia con cada latir de mi corazón, que late por desidia y por la rutina que le hace sentirse poco comprendido.
Noto tu ausencia, aunque te haya dicho siempre lo contrario. Aunque me haya intentado convencer de que sólo eras uno más, que me olvidaría de tí tarde o temprano. Sé que noto tu ausencia y no sólo es un martilleante dolor en el orgullo herido. Ese dolor siempre pasa. Pero el dolor de tu ausencia se mantiene año tras año, sin que pueda ponerle fin de una vez por todas.
Y porque noto tu ausencia, porque sé que te extraño, y te extraño porque te quise, te quiero y te querré, y porque ya basta de engañar al mundo y a mí misma sobre mis sentimientos. Y porque sé que nunca más volveré verte, porque estás a cientos de kilómetros de mí y a miles de mi alma. Y porque mi vida sin tí está completamente vacía y sin sentido, y no tengo ganas de comenzar ningún nuevo proyecto. Porque necesito verte una última vez para poder por lo menos despedirme. Pero sé que no podré tener ese último momento contigo. Porque daría lo que fuera por sentirte de nuevo, o por lo menos verte de lejos pasar por delante de mí, con tu americana y tus vaqueros, con tu mochila, camino de la facultad, con tu libertad a cuestas y tus ganas de comerte el mundo, con tu cara seria que siempre ponías antes de lanzar aquellas sonrisas que tanto añoro.
Noto tu ausencia, puede que porque sé que me queda una eternidad sin tí, y porque sé que soy una cobarde que nunca más dará su brazo a torcer, porque el orgullo me corroe por dentro cada día más. Notaré tu ausencia toda mi vida, porque hay cosas que aunque sepamos que se deben olvidar, necesitamos poderlas recordar.

