Rituales Paralelos
Al principio, recuerdas todo esto y lloras, pataleas, te rabias y no aguantas la presión de tu pecho, necesitas oxígeno y crees que vas a desmayarte, todo te da vueltas. Pero luego un día cualquiera te fijas en algo cotidiano, y el inconsciente nos juega la mala pasada de dejar caer el recuerdo de esa persona. O puede que no sea por nuestro inconsciente, nunca se puede llegar a explicar algo así. Y al volverte a acordar de algo relacionado con él, te descubres sonriendo, y al darte cuenta, los ojos se te humedecen. La mente hace que te olvides del rencor; el alma, o el corazón, como quieras llamarlo, hace que recuerdes las cosas con cariño. Los dos mecanismos se complementan, sí, pero no son tan parecidos como para que los humanos seamos capaces de dominar tanto al uno como al otro. Y es que el corazón siempre recuerda más que la mente. Y eso no lo podemos evitar, por mucho que nos empeñemos. Porque es una de esas cosas que se nos escapan de nuestro horizonte de actuación y hasta de comprensión.
He llegado a pensar que haya otro Yo en otro mundo paralelo que no se haya rendido. Que siguiera llamándole, insistiendo para quedar, preguntándole qué tal estaba. Hasta puede que en otro mundo distinto, ese otro Yo y el otro Yo de Andrés estén todavía juntos. A veces pensaba que por eso no era capaz de olvidarle, porque de alguna manera se conectaban en mi mente esas vivencias de otros mundos de una manera para la cual no encontraba explicación. Pero la realidad es otra bien distinta. Yo sí que me rendí. Me di cuenta que no podría estar así eternamente; el fracaso cada vez que intentaba algo iba creciendo exponencialmente. Y no fui tan fuerte como para soportar ese tipo de fracaso.
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